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Paul Laurent Solís

 

De la “docta” ignorancia

Sospecho que los extremos de vivir en la ignorancia sólo saben de dos caminos: el de la socrática existencia bajo el “sólo sé que nada sé, pero algo sé” y el de la “no sé nada pero igual me lanzo a decir que sé porque me da la gana de saber a pesar que no sé”. ¿A cuál de ellos se acogerá el señor César Hildebrandt?

Por lo pronto, ignorar nunca es malo. No hay que avergonzarse por ello. Es más, hasta se puede alegar que la civilización se ha hecho en base al conocimiento parcial y limitado. Aunque claro, hay miembros de la especie que juzgan que estas limitaciones no son para ellos, que mientras más griten su “saber” (con insultos y mentiras) más felices se hacen. ¿Aún le es difícil escoger don César?

Sin ninguna duda, para el susodicho ello debe ser algo así como sentirse realizado porque ese día se les dio la reverenda gana de tener la razón a como dé lugar. Como un martillazo sobre el yunque. La ocurrencia de endilgarle a Leo Strauss “paternidad ideológica” sobre Milton Friedman no hace más que demostrar un alarde propio del que se asume que nada “ignora”, aunque lo ignora. Una maravilla. Un portento. Un fenómeno. El feo Sócrates se reiría de él y a la par que le tendría lástima por ser tan “sabio”. ¿Al fin tomó una decisión, señor?

No, no lo va a hacer. La patraña de ligar el liberalismo con el fascismo no es ninguna novedad. Ello no fue más que un antojo de Stalin para curarse en salud luego de la firma del pacto de no agresión con los nazis. Tremendo roche el de entonces. Cómo explicaban los bolcheviques ese acuerdo entre el pirómano Molotov y el exitoso vendedor de champagne Von Ribbentrop. No lo explicaban, lo gritaban, lo calumniaba, lo ladraban.

De alguna manera tenían que lavar su imagen, y como todo un tirano Stalin comenzó inmediatamente a arrojarle barro a los demás. Especialmente a esos capitalistas yanquis que en plena guerra mundial le llenaban sus almacenes de alimentos para evitar la hambruna luego del fracaso de sus programas quinquenales. Y ese barro se hizo célebre, pero no los que lo lanzaban… Un momento, ¿dije “pirómano” y “vendedor”? ¿Quién se junta con el proveedor de lo pirotécnicos que ocasionan incendios también es como él? ¿También tiene su “filosofía de vida”? A lo mejor, pues ese ex candidato presidencial se dice tan aprista como la Villarreal. ¿Dónde estudió usted señor?

Tranquilo, yo se muy bien que no todos los alumnos y docentes de la Villarreal son apristas, y que ser aprista no es un delito ni mucho menos. Pero parece que para don César el hecho de que Leo Strauss haya sido profesor en la Universidad de Chicago es motivo suficiente para presumir que todos los demás miembros de ese centro de estudios son directos tributarios de las ocurrencias y elucubraciones de este singular teórico del conservadurismo norteamericano.

Curioso razonar. ¿Friedman y Strauss “cojeaban del mismo pie” porque pasaron por los mismos pasillos? ¿Acaso almas gemelas? ¿Miembros del mismo clan esotérico de los que quieren dominar el mundo por pura maldad?

Conclusión típicamente castrense. Idéntico al de cualquier militar con alma de represor. ¿Es que pasó por el colegio militar?

El grueso de los crímenes durante la lucha contrasubversiva se llevaron a cabo desde esa óptica. Con ese tipo de chuscas “relaciones” es que los militares de casi toda América Latina procedieron a cometer las mayores injusticias contra gente absolutamente ajena a cualquier acto antisocial. Ese es el peligro de las generalizaciones. Coincidir en un campus universitario no debería ser peligroso, y lo dice un sanmarquino.

¿Sólo una mente estrecha puede concluir que ello es posible? No, también están los perversos. Los malos por vocación. Esos que inventan confabulaciones ahí donde no existen.

Por lo pronto, Friedman nunca tuvo aproximaciones a la filosofía. Él era concretamente un economista, y sus opiniones políticas las daba a partir de su ciencia. En ese sentido no era pretensioso, y ello se puede ver fácilmente en su obra de divulgación. En ella no hay nada parecido al decisionismo teológico de Strauss, salvo que la erudición de don César se haya topado con alguna obra friedmanista que nadie conoce, sólo él.

28/11/2006

 

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