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LUDWIG VON MISES
Cuando el manto del totalitarismo se expandía sobre la Europa de inicios del siglo veinte, no sólo los partidarios de la intolerancia, sino también aquellos que en su ingenuidad habían sido seducidos por la argumentación de la irracionalidad, las ideas de la libertad fueron rehabilitadas y colocadas en el campo de la exposición doctrinal y consecuente brega intelectual por Ludwig von Mises. Él siempre estuvo consciente que tal labor era en extremo complicada, que la defensa de tan caras nociones se hallaban en desventaja frente a los autoritarios, especialmente los marxistas, porque se debían desarrollar discursos en los que se renunciaba, incluso, a la seducción que el estilo de la prosa literaria, para no desvariar y renunciar a la fundamentación rudamente racional, es decir, sujeta, en la medida de lo posible, a lo fáctico, adherido a principios coherentes y sólidos, pues cómo él mismo decía, ninguna ideología inconsecuente puede pregonar solución satisfactoria alguna.
Nacido un 29 de septiembre de 1881 en la ciudad de Lemberg, la misma que entonces formaba parte del Imperio Austro-Húngaro y que hoy pertenece a Ucrania, bajo el nombre de Lvov, realizó sus estudios superiores en la Universidad de Viena, donde se graduó en Ciencias Jurídicas, Económicas y Sociales. Cabe destacar que su educación la llevó a cabo a la lumbre del período de mayor relieve de la escuela austriaca de economía, liderada por Carl Menger y el discípulo de este, Eugene Böhm-Bawerk.
En 1913 Mises es designado profesor de economía. Un año antes había publicado Teoría del dinero y el crédito, con la cual llena el vacío que los denominados neoclásicos habían dejado al considerar al dinero como un elemento de comportamiento estanco, alejándolo del análisis individualista. Lo que nuestro autor demostraría sería que el poder adquisitivo del dinero -precio- era determinado por el mercado, tal como acontece con cualquier otro bien, es decir, por la cantidad de dinero disponible y la intensidad de la demanda consumidora. A través de ello la relación entre el aumento de la disponibilidad monetaria y el aumento de los precios se manifiesta evidente, ocasionando la consiguiente reducción de la capacidad de la unidad monetaria. En los inicios de toda operación proinflacionaria -aumento arbitrario de la cantidad de dinero disponible- los únicos beneficiarios resultan los que gobiernan y a continuación los favorecidos con los negocios del Estado a través de sus manifestaciones proteccionistas. De ahí que la inflación sea sumamente atractiva a los gobernantes y a los sectores mercantilistas, pues logran beneficiarse a costa del resto de la población, los mismos que, evidentemente, carecen de influencia sobre las decisiones políticas.
Otro aporte de Mises fue el señalar la importancia del sistema bancario en relación con la creación dineraria. Sustentó que un régimen bancario independiente de toda intervención gubernamental forzaría a sus agentes a adoptar un régimen crediticio duro y sano, acuciados siempre por el temor de la retirada de fondos de los depositantes. Los argumentos a favor de la banca libre y en contra de la intervenida se basan en que al proteger a las instituciones particulares de las leyes de la oferta y la demanda, las impulsa, inevitablemente, a una expansión inflacionaria de sus actividades y préstamos.
Pero, sin duda alguna, la contribución mayor contra el intervencionismo y la planificación gubernamental la dio Mises en 1920, al publicar un artículo sobre la imposibilidad del cálculo económico en la sociedad socialista. Aquí demostraba lo irrealizable que era el anhelo colectivista, particularmente el leninista, señalando el por qué un sistema basado en la propiedad estatal de los medios de producción, era inviable. Al prescindir del mercado libre y anular el sistema de precios, requisitos elementales para la producción, la propuesta marxista-leninista firmaba su partida de defunción. Hasta antes de Mises -quien se basó en los aportes de Max Weber sobre el tema- nadie había tenido en mente colocar la discusión política la imposibilidad del cálculo económico en un sistema donde no existe la propiedad privada, ya que es gracias a esta institución que los consumidores, las gentes en su amplia generalidad, están impedidos de precisar la demanda de bienes y servicios. La carencia de un patrón con el cual señalar un valor objetivo a las transacciones de mercancías provocaría el derrumbe no sólo de bolchevismo, sino, por sobre todo, de aquellas doctrinas en que se sustentaba. Y ello fue así. No por ser profecía, sino simplemente una explicación inteligente del por qué un orden que niega la propiedad y las libertades no puede ser factible sin que pueda evitarse las nefastas consecuencias. Todo este razonar se plasmaría en una imprescindible obra de 1922, Socialismo.En su afán por demostrar la importancia del razonar individualista, para sustentar sus teorías en torno a la sociedad, en contraposición a la metodología colectivista, Mises se propuso darle a la ciencia económica una base filosófica y metodológica. Para ello redactó, en 1933, Grundprobleme der Nationalökonomie. Con este trabajo se fija, sistematiza, y consagra la escuela subjetiva del valor, es decir, la que sus maestros le legaron, la escuela austriaca de economía.
En Ginebra, lejos de su amada Viena, a la sazón ocupada por los nazis, e intelectualmente aislado -lo que sería una constante en su vida-, Mises publicaría, en 1940, Nationalökonomie, el que servirá de apoyo a la que sería su magnus opus: La Acción Humana, concluida, definitivamente en 1949.
En esta obra desarrolla los fundamentos de la ciencia económica a través de la praxeología, metodología que parte de un análisis lógico donde los actores principales, los seres humanos, se hayan determinados por sus subjetividades, es decir, estamos ante un modo de comprensión de los fenómenos que parte de seres que actúan, que anhelan, acarrean medios y se trazan metas. Se dice que la aparición de este tratado de economía es sólo comparable con lo que en su día significó La riqueza de las naciones de Adam Smith. Tal es su categoría y magnitud. Muestra la importancia de la propiedad de los particulares, de la elección que a partir de esta base se genera y todo aquello que concierne a los postulados librecambistas contra los intentos intervencionistas, mercantilistas y planificadores, además de denunciar las consecuencias antisociales de las tesis keynesianas y marxistas.
En 1957 publica Teoría e Historia, donde pone al desnudo la desmesura e incoherencia del materialismo histórico y de la dialéctica hegeliana empleada por Marx y sus secuaces, delatando sus carencias epistemológicas. Siete años antes había visitado el Perú, como parte de un periplo sudamericano. Es de este modo como dicta una conferencia en la antigua Facultad de Derecho de San Marcos. Lamentablemente no se ha podido tener alcance de tal evento, el mismo que bien puede ser que no concitara interés mayor, debido al ostracismo que padecía este pensador liberal y a la antipatía que los postulados individualistas causan por estas tierras.
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