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Paul Laurent Solís

 

EL POPULISMO: NUESTRO ETERNO PRESENTE COMO OFERTA DE FUTURO

¿Y ahora qué? Todavía tendremos que soportar el carnaval de demagogia que suele ser cada elección presidencial. Si la de los aspirantes al congreso ha mantenido sus procaces formas, las de los presidenciables es aún más insultante por cuanto la figura del Ejecutivo en nuestra tradición política, es por demás preponderante. Toledo o García. Demagogo 1 versus demagogo 2. Aunque claro, hay uno que ya estuvo en Palacio y destrozó al país. Pero ello a nuestros compatriotas poco o nada les interesa. Al fin de cuentas ambos son tan semejantes. Acaso idénticos. Lo que los diferencia es el prontuario. Uno es un técnico moldeado en la burocracia internacional, léase, Banco Mundial, Naciones Unidas, Banco Interamericano de Desarrollo, Organización Mundial del Trabajo y la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico. El otro es un político a tiempo completo, de esos que sin el Estado no son nada, una especie de burócrata secular, don Juan de las ONGs, un vividor de las esperanzas humanas y, para yapa, tenido por buen tiempo como un reo contumaz, acaso como ineludible consecuencia de su paso por la primera magistratura, desde donde se le tuvo como un corrupto y asesino. Pero al pueblo poco le importa ello. Es un líder, y a los líderes, según el abc de la estulticia, se les sigue hasta que se gasten... y luego seguirlos nuevamente hasta que se reciclen después de un largo vacacionar en París.

Como se puede apreciar, hay uno que es más que el otro. Según la monserga de los politicólogos, cuasi un estadista. Quizá de la misma calidad de estadista de nuestro canciller, el benemérito Pérez de Cuéllar, el mismo que ha hecho mutis a la demanda internacional que naciones como Inglaterra, Francia, Holanda, Canadá y los Estados Unidos, a pedido de República Checa y Polonia, ha lanzado contra el régimen de Fidel Castro con el fin de nombrar un relator de las Naciones Unidas para que vea, in situ, si es que los atropellos contra las libertades civiles son o no verdad, o si es que las mismas son una patraña, como es lo que vocifera el stalinismo cubano. No hay duda que el Estado, por el nivel de sus decisiones, encallece el alma. Con qué moral el Perú puede hablar de volver a los fueros del derecho y de la justicia si es que en el plano internacional se afilia a las naciones violadoras de los derechos humanos. Acaso nuestro presidente Paniagüa desconoce que los principios de la humanidad son universales y no para específicos países. No deberíamos proseguir con la posición que desde Velasco hasta Fujimori se ha tenido con respecto al dictador caribeño. Ello quita argumentos éticos a un pueblo que, según se dice, desde foros y debates, apuesta por curarse de los males de la mafia que campeó en esta última década, una mafia, innegablemente, y a todas luces, mucho más sofisticada que las anteriores, de esas que a través de las propuestas de Toledo y de García amenazan instaurarse por enésima vez. Aunque, no hay que ser tan injustos con Toledo. Él no pertenece a esta cáfila de rufianes, por cuanto nunca ha estado sumergido en los albañales de nuestra política criolla, pero sí es de garantizar que si es que el pueblo lo elige estará a un paso, por convicción o por el devenir, de ser uno más en la larga lista de destructores de los poco que queda por devastar en nuestro Perú, y es que por amor suelen aflorar los mayores perjuicios. ¡Que no nos quieran tanto!

Ya es hora que nos despercudamos de los políticos que ven al Estado como el sombrero de copa que usa el mago para sacar y sacar obsequios para un auditorio avieso y desesperado. La hora actual es tan "fundacional", "crítica" y "decisiva" como las anteriores horas que acontecieron en la Independencia, los años de la anarquía, el festín del guano, la Guerra del Pacífico, el descalabro de la República Aristocrática, el fin del leguísmo, el asesinato de Sanchez Cerro, el régimen de Bustamante y Rivero, la caída de Belaunde, el regreso de Belaunde, la llegada de García, la salida de García y el arribo de Fujimori... Como una broma de mal gusto. Auténtico humor negro.

Hoy, en este presente que se parece tanto a esos muchos "otros presentes" que dejamos que se vuelvan viejos y castrantes, nos asumimos, en esencia, a plenitud de anomia y desquiciamiento. Añorando una democracia que jamás fue eficaz como un autoritarismo que sólo sabe perder autoridad. Somos un país descuartizado. No partido. Destripado. Donde el voto a la fuerza (obligatorio) conmina a las cada vez menos lúcidos y decentes hombres y mujeres a tener que optar entre un bribón y una alucinado, entre un comprobado farsante y parroquiano mentirosillo y exagerado. Nuestro amado país no se merece tales afrentas. Un futuro no es futuro si es negro. Debemos sacudirnos de esta sempiterna realidad donde prima la moral del delincuente, justo aquella que expresaba un muchacho sufragante en uno de los conos de la capital, el que, ante la requerencia del entrevistador televisivo expresó que votaba por García porque, como en el refrán, más vale ladrón conocido que ladrón por conocer. Respuestas así hacen jirones hasta el más racional de los connacionales. En suma, si es que algún diagnóstico tendremos que dar sobre esta última demostración de relajamiento y de memez colectiva es la de aferrarnos a la metáfora del náufrago que llega exhausto a una orilla de la que no sabe si es la de una isla, la de un trozo de tierra firme o el lomo de laguna extraña bestia marina, por lo que, si es que creen en Dios, recen, recen mucho, mientras que algunos les envidiaremos por vez primera, pues andamos como ateos en depresión.

 

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