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Walter Puelles

   

La hormiga, la cigarra y los sistemas de pensiones

La fábula de la hormiga y la cigarra relata el comportamiento de dos animales; el de la hormiga que trabaja y guarda provisiones para el invierno, y el de la cigarra que vive el día a día sin importarle nada.
En la humanidad, hay personas que actúan como hormigas, otras como cigarras y otras ni tan hormigas ni tan cigarras ¿Qué es lo bueno y qué lo malo? El autor de la fábula no dice nada al respecto, aunque la moraleja resalta la bondad de la previsión y el ahorro. Y ello porque, a diferencia de los animales, los seres humanos han sido dotados de inteligencia y razón para discernir entre lo bueno y lo malo. La razón no exime a nadie del error, simplemente ayuda a elegir la opción más adecuada en un momento determinado.  Es así como surge la ética y la moral, disciplinas normativas dedicadas al estudio del discernimiento entre el bien y el mal. Así, en ausencia de libertad la ética y la moral carecerían de todo sentido, pues no tendrían nada que estudiar, ya que todo estaría determinado fuera de la esfera de la razón.

Libertad y propiedad

De esta forma, la libertad se convierte en el valor más importante de las personas. Nada es más importante que ella a pesar de su simpleza, que la libertad de actuar, de caminar, de moverse sin que otro nos lo impida, de crear riqueza y disfrutar enteramente del producto de nuestro esfuerzo.
La existencia del individuo y de su capacidad para crear da origen al concepto de la propiedad. Libertad y propiedad son dos caras de una misma moneda. No es posible defender la libertad sin reconocer el derecho a la propiedad privada. De esta suerte, si alguien obliga a otro a hacer algo que no desea, estará atentando contra su libertad, y si dispone de algo que no es suyo como si lo fuese, violará su propiedad. Bajo este tenor, tenemos que si el estado tiene alguna función en la sociedad, es precisamente la de preservar la libertad y propiedad de los individuos, sin embargo, en la práctica, es el mismo estado el encargado de vulnerar estos derechos mediante la aplicación de leyes confiscatorias.

El ahorro forzoso

Una de esas leyes es precisamente la que obliga a las personas a ahorrar. Los sistemas previsionales (casi siempre amparados en la compulsión de la ley) toman parte del sueldo de los trabajadores como si fueran suyos con el fin de conformar fondos de ahorro que luego administrarán a cambio de una comisión. La filosofía de esta ley es que el individuo no está lo suficientemente preparado para identificar, por sí mismo, qué es lo más conveniente, siendo, por tanto, que la posibilidad de adoptar el comportamiento de la cigarra es bastante alta.
Aquí no importa lo que el individuo decida, el estado ya decidió por él. El hecho ha sido consumado, nuestra libertad y propiedad han sido violadas al amparo de quien supuestamente existe para salvaguardar nuestros derechos. Es claro que ese no es el camino correcto para lograr una sociedad responsable, donde todos deban ser previsoras como las diminutas pero ejemplarizadoras hormigas.

El sistema privado de pensiones

Bajo la premisa antes anotada es dable plantear la siguiente interrogante: ¿Fue el sistema privado de pensiones (SPP) introducido al Perú en los noventa una apuesta sustentada en el credo liberal? La mayoría de personas piensa que sí, que efectivamente así fue. Sin embargo, esto es incorrecto, pues el SPP, como cualquier sistema público, está basado en principios incompatibles con la libertad. La concepción que se expone viene del paternalismo de siempre: el individuo no está preparado para comportarse como hormiga.
Se olvida que lo privado no es necesariamente el producto del mercado cuando se tiene una coerción política (la ley) de por medio. En el mercado, por ejemplo, ni el pan ni las panaderías existen porque esté vigente una ley que obligue a la gente a consumir pan, sino porque la gente así lo quiere, le gusta el pan y lo compra sin más ni más. Así pues, ¿podrá subsistir el sistema de AFP sin una ley que obligue compulsivamente a la gente a ahorrar?

Libertad y eficiencia

Se equivocan los economistas que piensan que el sistema privado de pensiones es bueno sólo por el hecho de ser más “eficiente” que el sistema estatal o por conseguir resultados macroeconómicos que difícilmente se alcanzarían si cada persona usara sus fondos libremente (mayor ahorro interno). Se equivocan de cabo a rabo, pues la eficiencia es el arreglo más adecuado que cada cual consigue desde la perspectiva individual, no desde la colectiva. Desde esta última perspectiva no existe manera objetiva de saber cuál es el costo de oportunidad de las personas como para afirmar que el ahorro forzoso es una medida eficiente.
Según Robert Fogel, premio Nobel de Economía 1993, el esclavismo fue una práctica muy productiva y rentable que contribuyó significativamente a la expansión de países como los EEUU. Sin embargo, no todo lo económicamente bueno es necesariamente moral, ni el trabajo forzoso ni el ahorro forzoso.  Si la gente cree que guardar pan para mayo es lo más conveniente, entonces las AFP no necesitan de ninguna ley para existir. Así como no existe ninguna ley que obligue a las personas a comer pan, las AFP, cual panadería, deberían de existir al amparo de la libertad y la voluntad de la gente, nunca al margen de estas. En ese sentido, cualquier proceso de elección que haya sido precedido de un proceso de coacción es simplemente un engaña muchachos. Eso es la libre desafiliación. La persona puede sacar su dinero de una AFP, pero sólo para volver al sistema que un día abandonó. No tiene otra opción. Aquí no hay libertad señores. ¿Estamos ante una libre desafiliación? Obviamente no, sino que se insiste en un esquema abiertamente antiliberal: no hay libertad para disponer de nuestros dineros, eso es lo que impera. Ese es el piso desde donde nos movemos. Lo demás es poesía.

¿Cuál sería el camino correcto?

Lo correcto debería ser que cada uno disponga de lo suyo según su mejor parecer. Los individuos previsores colocarán sus ahorros en una cuenta a plazos, en un fondo mutuo, en la compra de algunos inmuebles para vivir de sus rentas o en general en lo que consideren apropiado. La existencia de personas-hormigas crea un conjunto de oportunidades para la creación de un sinnúmero de empresas dedicadas a capturas los recursos de los previsores, y ello sin necesidad de recurrir a obligarlos por ley alguna.
No son pocas las necesidades que actualmente las personas dejan de cubrir debido a la ley del ahorro forzoso. Imagine usted, por ejemplo, un hogar sin liquidez para financiar la educación de un hijo. La necesidad obligará a esta familia a recurrir al sistema financiero a solicitar un préstamo e incurrir en un gasto financiero. Ello es evidente, el caso de los sistemas de pensiones (tanto público como privado) es una indubitable muestra de cómo en sociedades proclamadas modernas, y de aspiraciones democráticas, se esconden rasgos antiliberales y totalitarios que relegan a un segundo plano la voluntad de las personas, de los individuos, en suma, de la gente.

 

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