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Unos 50 trabajadores de una planta conservera murciana, en España, han salido a protestar por la reducción de la producción de la empresa donde laboran, ya que ésta ha decidido instalar una nueva planta de producción de conservas de alcachofa en Arequipa (Perú), desde donde abastecerá al mercado norteamericano. “Era complicado competir con la alcachofa peruana, así que, si no puedes con el enemigo, únete a él”, afirma un analista español.
España aún es el principal exportador mundial de conservas de alcachofa, pero de un tiempo a esta parte el negocio está encaminándose por el mismo sendero por el que anduvieron alguna vez las conservas de espárrago blanco, es decir, mayor competencia y pérdida de participación de mercado a manos de productos provenientes de países menos desarrollados como Perú. Así, de las casi 20 mil hectáreas cultivadas en el 2002, en el 2007 se cultivarían unas 17.5 mil hectáreas.
En los EE.UU., principal mercado de las alcachoferas españolas, la participación de las exportaciones de España en las importaciones de este país ha bajado de 90% en el 2002 a sólo 40% en el 2006, tras una reducción de 40% en sus exportaciones (de 40 mil a 23 mil toneladas). En este mismo período, las importaciones gringas subieron 34% y las exportaciones peruanas ascendieron hasta cubrir más de la tercera parte de ese mercado (2006).
Descubrimiento “made in Perú”
El descubrimiento de que el Perú puede producir alcachofa más barata que España —principal exportador mundial— es relativamente nuevo. En sólo cinco años el Perú ha elevado sus exportaciones en más de 6,000%, de apenas 500 toneladas en el 2001, a más de 30 mil toneladas en el 2006. Tal hallazgo está permitiendo incorporar a un mayor número de consumidores al mercado, pues al bajar los precios se produce una inmediata mejora del poder adquisitiva de las familias.
La alcachofa peruana ingresa a los EE.UU. sin pagar aranceles, tiene un mejor rendimiento que la alcachofa española, pero, sobre todo, costos labores más bajos respecto a los existentes en Europa. No es pues extraño que el Perú esté recibiendo un importante flujo de inversiones, nacionales y extranjeras para desarrollar el negocio de las conservas. Si la inversión aumenta, la demanda de mano de obra y los salarios mejoran, el consumo sube y la pobreza disminuye.
Una lógica muy sencilla de entender, pero que muchos parecen no comprender. Y es que las legislaciones laborales del mundo, por lo general, tienden a diluir las posibilidades de descubrir nuevos negocios, siendo esto más trágico para los mismos trabajadores a quienes la ley dice proteger. Este es el caso de España, y podría llegar a ser el caso del Perú si se persiste en cargar de más sobrecostos a las empresas.
La rebelión del Atlas
Los trabajadores españoles que antes festejaban la conquista de beneficios laborales mediante la presión de sus sindicatos y la promulgación de leyes que encarecían los costos de la actividad empresarial, deben de saber que, hoy por hoy, que esa es su principal desventaja; como quien dice, se pusieron ellos mismos la soga al cuello. Y como no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista, desde hace muchos años varios cuerpos se han cansado y están revelándose.
Y es que el éxodo de las empresas españolas es, en el fondo, una rebelión; una rebelión de quienes se niegan a producir bajo las condiciones impuestas, una rebelión de quienes no están dispuestos a soportar más sobrecostos, una rebelión de quienes no están dispuestos a vivir para otros cuando su propia subsistencia corre peligro. En suma, una rebelión contra el sistema anticapitalista que las ideas colectivistas han impuesto.
Así pues, el grupo de los 50 trabajadores murcianos que protestan pretende que la empresa haga lo contrario a su propio interés. No les importa que al quedarse en España la empresa quiebre, pues para ellos su “derecho al trabajo” está basado en la obligación de que otros se lo creen. Ignoran que un derecho basado en la imposición no es un derecho, es una arbitrariedad que consagra privilegios. Por ello, no es exagerado decir que gracias al “derecho laboral” los asalariados del mundo, incluyendo a los peruanos que trabajan formalmente (esos escasos seres que mencionan las cifras), son pues unos privilegiados.
Y ello porque mi derecho al trabajo no puede basarse en la obligación de otro a entregarme lo que deseo. Mi derecho al trabajo está basado en la libertad de producir sin que nadie me lo impida ni restrinja. Mas en el mundo actual las leyes están de cabeza. Lo primero se consagra y lo segundo se limita. El derecho a trabajar y producir libremente se ve frecuentemente afectado por trabas como las licencias municipales, el poder de sindicatos y colegios profesionales y las propias normas estatales.
La mano del cocinero
Si el trabajo es la fuente de toda riqueza, entonces ¿qué necesitan estas 50 personas para producir? ¿Por qué les piden a sus “verdugos” de antaño (los empresario) quedarse? ¿Y si se les entregase los activos de la empresa, el capital del que tanto nos habla Hernando de Soto? Ya en el Perú la fórmula de repartir lo acumulado se aplicó y no funcionó. Fue un desastre. Y es que ni el trabajo ni el capital son de por si fuente de riqueza alguna. Acá no hay mayores misterios ni cosa parecida.
La fuente de riqueza está en la capacidad de descubrir cosas que generen valor a las personas. El elemento empresarial es pues la razón humana; la inteligencia puesta al servicio de los demás. La empresarialidad es así la capacidad de descubrir cosas allí donde nadie vio nada. Es la mano del cocinero que selecciona los ingredientes adecuados y prepara el plato que más guste a sus comensales. La libre interacción entre cocineros y comensales es lo que explica el desarrollo.
Y el movimiento de las empresas obedece a la necesidad de los consumidores. La acción de los comensales va definiendo implícitamente el futuro de los descubrimientos, es decir, el destino de los productos que las empresas lanzan. Si el producto se queda por bueno y se marcha por malo. Desde este punto de vista, si la producción de alcachofa española está disminuyendo es porque el mundo así lo quiere.
Los alcachoferos que producen conservas en el Perú son pues esos cocineros que descubrieron algo que nadie había visto: producir alcachofas a un menor costo. Las personas del mundo son los comensales que prefieren la alcachofa peruana, y en mérito a ello han aumentado sus pedidos de un millón de dólares en el año 2000, a US$ 70 millones en el 2006. La Libertad, Ica y Arequipa están recibiendo importantes inversiones para cumplir este deseo. Esperemos que nadie los trunque.
La Rebelión del Atlas (en inglés Atlas Shrugged) es el título de la novela de la filosofa ruso-estadounidense Ayn Rand (seudónimo de Alisa Rosenbaum), donde habla de un mundo que se paraliza porque el ingenio humano a decidió hacer huelga y mudarse a un “mundo” sin leyes que castiguen la inteligencia humana y la razón.
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