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Walter Puelles

 

¿Taxi libre?

El mercado de taxis ha sido secuestrado; y el Estado ha lanzado un ultimátum: “se siguen sometiendo a mis caprichos o desaparecen”. Esto es lo que el anteproyecto de Ley del Ministerio de Transporte parece advertir a los taxistas y a todo aquel que se “recursea” u ose ejercer la actividad sin cumplir sus arbitrarias imposiciones.

Con el pretexto de ordenar la actividad y salvaguardar la seguridad del usuario el Estado ha introducido un conjunto de políticas que, lejos de mejorar la calidad del servicio, han distorsionado el mercado y recortado las libertades individuales. Licencias, reglamentación de pesos (fuera ticos), medidas y colores, impuesto vehicular, SOAT, impuesto selectivo al combustible, etc.

El buen Estado

El anteproyecto señala que los vehículos para al servicio de taxi deben de ser “cómodos”. Realmente este es un pretexto, pues si el Estado quisiera efectivamente lograr tal objetivo primero debería eliminar los impuestos que encarecen la importación de vehículos nuevos y, segundo, eliminar los privilegios que benefician la compra de determinados tipo de vehículos en detrimento de otros.

Un auto nuevo puesto en el Callao (incluido flete) cuesta 100, pero introducirlo al país requerirá el pago de 50 adicionales al Estado (50% de impuestos). La importación de autos nuevos en el Perú está gravada por un arancel de 12%, un selectivo de 10% y un IGV de 19%. Si el Estado bajara los impuestos el estándar de la flota mejorará.

Si la comodidad de los carros es un bien escaso, tal como señala el Ministerio de Transporte, no tiene sentido encarecer la compra de autos nuevos a través de altos impuestos. La demanda de servicios de taxi en el Perú es artificialmente alta porque los altos impuestos restringen la demanda de vehículos particulares.

La seguridad

Las políticas estatales generalmente son contradictorias. Por ejemplo, la Ley de Ceticos privilegia la importación de autos usados con timón cambiado (inseguros), en detrimento de autos nuevos y usados con timón original (seguros). La importación de un auto usado con timón cambiado del 2000 (inseguro) paga 33% de impuesto, mientras la importación de uno usado con timón original paga 73%.

Este tipo de políticas ha incentivando la compra de vehículos con timón cambiado y la conformación de un parque compuesto por autos inseguros. El libre mercado y los empresarios que compraron autos con timón cambiado no son los responsables, pues actuaron bajo un marco de incentivos impuesto por el propio Estado: un marco de señales contradictorias producto de un mercado intervenido.

La sociedad debe saber que las regulaciones y los altos impuestos han reducido el ingreso de los taxistas, quienes para mantener su “diario” han aumentado las horas de trabajo, elevando sin querer la incidencia de accidentes por cansancio. Frente a ello el Estado propone una nueva medida, regular el número de horas de trabajo de los taxistas.

Para mejorar la seguridad del usuario el Estado propone carnetizar al chofer, quien así estará plenamente identificado ¿Y para qué sirve el DNI? Toda Lima es insegura, y el taxi es, por el contrario, un medio más seguro que caminar. Si usted llama a una empresa de su confianza, será más seguro aún. Es así como el mercado soluciona los problemas.

Por el contrario, los taxistas han sido víctimas del deterioro de la calidad del servicio de seguridad estatal. En el Perú cientos de taxistas han sido asesinados y despojados de sus vehículos por bandas organizadas; frente a este contexto ¿podrían los chóferes pedir la carnetización de los usuarios? Evidentemente, no.

El impacto de las licencias

El objetivo del Estado es planificar el mercado y determinar el número de vehículos. Eso es socialismo. Para lograr tal objetivo las municipalidades se han arrogado el monopolio de las licencias. Las licencias han estado centradas inicialmente en los vehículos, pero el anteproyecto propone extender el tema a los conductores. Doble ingreso para las municipalidades.

En ausencia de un Estado que emita licencias, los individuos encuentran en el taxi una fuente de empleo libre. Esto se acabará con la nueva ley. La libertad de trabajar sin restricciones en el pleno ejercicio de un derecho protegido constitucionalmente permite a un mayor número de personas preservarse. La introducción de las licencias generará un efecto contrario (desempleo).

El libre accionar de los taxistas ha contribuido a reducir y estabilizar los precios, permitiendo a mucha más gente disfrutar de los beneficios de este servicio. En los últimos años los precios de los combustibles han subido fuertemente, sin embargo, el impacto sobre los consumidores ha sido mínimo. Los precios bajos permiten que un mayor numero de personas acceda a este servicio.

Los taxistas, en ausencia de competencia libre, dejarán de ser los pujantes empresarios de hoy para convertirse en mercantilistas; marcharán hacia una inevitable colectivización, pues les resultará provechoso presionar por leyes antiliberales que les permita mantener tarifas altas. El movimiento sindical sustituirá la iniciativa privada.

Esto ha sucedido en todos los lugares donde los municipios, bajo el pretexto de ordenar la actividad, han obligado a los taxistas a asociarse para disfrutar del reconocimiento del municipio y del sindicato. Los taxistas agremiados pedirán al gobierno la fijación de justiprecios, abandonando el principio del libre acuerdo entre las partes que es el que impera actualmente.

 

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